el jarro sobre la mesa

El jarro sobre la mesa consistió en la instalación de nueve telas sobre una alineación de nueve mesas blancas idénticas. Las telas, pintadas a escala real, representan nueve vistas distintas de un jarro blanco sobre una mesa.

Este trabajo alude de diversa forma a las convenciones técnicas y a la historia de las naturalezas muertas. Al tomar los distintos puntos de vista que se obtienen al desplazarse en torno a un modelo fijo, Guilisasti se refiere a las investigaciones pictóricas cubistas realizadas a partir de la naturalezas muertas y utiliza, por otra parte, los procedimientos técnicos tradicionales que caracterizaron a este género, buscando la correspondencia y la prolongación entre el modelo de las pinturas y el espacio su exhibición. Sin embargo, El jarro sobre la mesa no se instala en el espacio de la simulación, propio del tromp l’oeil, sino en la fisura que se produce entre lo que habíamos visto y lo que no podemos reconstruir cabalmente en la pintura: aunque las mesas son un vestigio visual del lugar que ocupaban originalmente jarros como este en las habitaciones y en los baños, las telas no se insertan nunca en el espacio de muestra ni se vinculan con su soporte, permaneciendo, con su fondo marrón y el paño blanco, como representaciones de un modelo imposible de reconstituir.